Virgen de Lourdes. La Quincena Milagrosa.

 

La Quincena milagrosa.
El rumor de las apariciones se esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta.
El 19 de febrero llegó Bernardita a la gruta acompañada de sus padres y un centenar de personas. A partir de ese día, iba a todas las apariciones con una vela encendida y de ahí sale la costumbre de llevar las velas encendidas ante la gruta.
El 20 de febrero alrededor de 500 personas la acompañaban. La Señora le enseña una oración personal, al final le invade una gran tristeza a Bernardita..
El 21 de febrero por la mañana temprano la Señora se presenta a Bernadita, a la que acompañan un centenar de personas. Después es interrogada por el comisario de policía Jacomet, que quiere que diga lo que ha visto. Bernadette no habla más que de «AQUERO» (aquello). En dialecto Bigurdan. Ese día varias miles de personas llenaban todos los alrededores de la gruta. Hubo un momento en que la aparición parecía hacerse hacia atrás, y como hundirse en el interior de la roca. Para no perderla de vista, Bernardita se fue acercando de rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste. Le preguntó, ¿qué te pasa? ¿Qué puedo hacer?

La Virgen respondió: "Rogad por los pecadores."

Bernardita era objeto de toda clase de burlas, persecuciones y ofensas. Incluso las autoridades civiles tomaron cartas en el asunto. El comisario llegó a recogerla para hacerle un largo examen. Amenazó con llevarla a la cárcel si continuaba yendo a la gruta. Uno de los principales médicos de Lourdes se dedicó a estudiarla, observarla y examinarla. Este llegó a la conclusión que en Bernardita no había ningún signo de alucinación, histeria o escape de la realidad. Dijo así: "Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina."
Sin embargo, las persecuciones no terminaron; la policía continuó tratándola indignamente. El Párroco de Lourdes la defendió enérgicamente. En todo esto Bernardita se mantuvo firme pero con humildad, nunca tomando una posición defensiva, ni de ataque contra nadie.

El 22 de febrero los padres le prohíben ir a la gruta, sin embargo va y no ve nada. La Virgen no se le apareció. Todos se burlaban de Bernardita. Ella lloraba pensando que quizás había cometido alguna falta y que por eso la Virgen no se le había aparecido. Pero tenía la firme esperanza de volver a verla.
Una de las cosas que más sorprendía a la gente era ver a una humilde y sencilla pastorcita, carente de adecuada educación, saludar con gracia y dignidad a la Virgen al concluir la aparición. Le preguntaron una vez: "Dime ¿quién te ha enseñado a hacer tan graciosos saludos?" "Nadie contestó, no sé cómo habré saludado, trato de hacerlo como lo hace la Visión y ella me saluda de este modo cuando se marcha."

El 23 de febrero, Primera vez que la Virgen formula una orden concreta. Ante 10 mil personas la Virgen le da a Bernardita un secreto que solo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. También le enseñó una oración que le hacía repetir, pero que no quiso que la diera a conocer. Durante las 7 primeras apariciones Bernadita aparecía con rostro radiante de felicidad, y de luz. Pero entre la octava y la duodécima aparición, todo cambia; el semblante de la cara de Bernardita se vuelve triste, de aspecto duro y doloroso y sobre todo comienza a realizar gestos incomprensibles.
La Virgen le dijo: "Y ahora, hija mía, ve a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar, debe levantarse un Santuario, y que a él debe venirse en procesión."
Bernardita se dirigió inmediatamente hacia la Iglesia a darle el mensaje al Párroco. El sacerdote le preguntó el nombre de la Señora, a lo cual Bernardita le respondió que no sabía.
Después de escucharla, el párroco le dijo: "Puedes comprender que yo no puedo bastarme de tu solo testimonio; di a esa gran Señora que se dé a conocer; si es la Virgen, que lo manifieste mediante un gran milagro. ¿No dices que se te aparece encima de un rosal silvestre? Entonces dile de mi parte, que si quiere un Santuario, que haga florecer el rosal."

El 24 de febrero toda la gente quiso saber qué pasaría con el encargo del Párroco y si la Virgen haría el milagro del rosal. Bernardita como siempre llegó a la gruta y se arrodilló, sin poner atención en absoluto a la gente que iba por curiosidad.
Bernardita le contó a la Virgen lo que el sacerdote le había pedido. La Virgen solo sonrió, sin decir una palabra. Después la mandó a rogar por los pecadores y exclamó tres veces: "¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!" Le hizo repetir estas palabras y Bernardita lo hacía mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. Ahí le reveló un secreto personal y después desapareció.
Bernardita por humildad no relató todo los detalles, pero los testigos contaron que también se le vio besar la tierra a intervalos, La Virgen le había dicho: "Rogaras por los pecadores. Besarás la tierra por la conversión de los pecadores." Como la Visión retrocedía, Bernardita la seguía de rodillas besando la tierra. Bernardita se volvió hacia los asistentes y les hacía señas de: "Ustedes también besen la tierra."
Desde entonces se le fue encomendada a Bernardita la penitencia por los pecadores. Un día la Virgen la mandó a subir y bajar varias veces la gruta de rodillas, la Virgen tenía cara de tristeza.
"La Virgen me lo ha mandado por mí y por los demás" dijo ella.
Recordemos que “Penitencia” significa “Conversión”. Para la Iglesia la conversión consiste, como Jesucristo lo enseña, en volver nuestro corazón a Dios y a los hermanos. Estamos en el centro del mensaje de Lourdes; la oración y la penitencia nos hacen entrar en el Espíritu de Dios.

25 de febrero: "Hija mía", le dijo en la Visión, "quiero confiarte solamente para ti el último secreto; igualmente que los otros dos, no los revelaras a ninguna persona de este mundo"
Y ahora -le dijo la Virgen después de un momento de silencio- ve a beber y lavarte los pies a la fuente, y come de la hierba que hay allí. Bernardita miró a su alrededor pues no miraba ninguna fuente. Ella pensó que la Virgen la mandaba al torrente y se dirigió hacia allá. La Virgen la detuvo y le dijo: "No vayas allá, ve a la fuente que está aquí." Le señaló hacia el fondo de la gruta. Bernardita subió y, cuando estuvo cerca de la roca, buscó con la vista la fuente no encontrándola, y queriendo obedecer, miró a la Virgen. A una nueva señal Bernardita se inclinó y escarbando la tierra con la mano, pudo hacer en ella un hueco. De repente se humedece el fondo de aquella pequeña cavidad y viniendo de profundidades desconocidas a través de las rocas, apareció un agua que pronto llenó el hueco que podía contener un vaso de agua.
Mezclada con la tierra cenagosa, Bernardita la acercó tres veces a sus labios, no volviéndose a beberla. Pero venciendo su natural repugnancia al agua sucia, bebió de la misma y se mojó también la cara. Todos empezaron a burlarse de ella y a decir que ahora sí se había vuelto loca. Pero, ¡misteriosos designios de Dios! con su débil mano acababa Bernardita de abrir, sin saberlo, el manantial de las curaciones y de los milagros más grandes que han conmovido a la humanidad.
El agua milagrosa de Lourdes ha sido analizada por hábiles químicos: es un agua virgen, muy pura, un agua natural que carece de toda propiedad térmica. Además tiene la peculiaridad que ninguna bacteria sobrevive en ella.(Simboliza la Inmaculada Concepción, en cuyo ser nunca hubo mancha de pecado original ni personal.)

El 26 de febrero el agua milagrosa obró el primer milagro. El buen párroco de Lourdes había pedido una señal, y en vez de la muy pequeña que había pedido, la Virgen acababa de darle una muy grande, y no solo a él, sino a toda la población.

El 27 de febrero vuelve y hace los gestos, bebe agua. La Aparición permanece silenciosa. Bernadita bebe agua del manantial y hace los gestos habituales de penitencia.

El 28 de febrero, más de mil personas asisten al éxtasis. Bernadita reza, besa la tierra y se arrastra de rodillas en señal de penitencia. A continuación se la llevan a casa del juez Ribes que la amenaza con meterla en la cárcel.

El 1ro de marzo, el primer milagro. Se han congregado más de mil quinientas personas y entre ellas, por primera vez, un sacerdote. Durante la noche, Catalina Latapie, una amiga de Lourdes, acude a la Gruta, moja su brazo dislocado en el agua del manantial y el brazo y la mano recuperan su agilidad. Comienzan las curaciones relacionadas con el agua del manantial, Bernardita rechaza que el agua sea milagrosa, solo la fe hace sanaciones.

El 2 de marzo, la muchedumbre aumenta cada vez más. La Señora le encarga: «Vete a decir a los sacerdotes que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión.» Bernadita se lo hace saber al cura Peyramale, párroco de Lourdes. Éste tan sólo quiere saber una cosa: el nombre de la Señora. Exige, además, como prueba, ver florecer en invierno el rosal silvestre de la Gruta.

El 3 de marzo, a las siete de la mañana, cuando ya hay allí tres mil personas, Bernadita se encamina hacia la Gruta; pero ¡la Visión no aparece! Al salir del colegio, siente la llamada interior de la Señora; acude a la Gruta y vuelve a preguntarle su nombre. La respuesta es una sonrisa. El párroco Peyramale vuelve a decirle: «Si de verdad la Señora quiere una capilla, que diga su nombre y haga florecer el rosal de la Gruta.»

El 4 de marzo: el gentío cada vez más numeroso (alrededor de ocho mil personas) está esperando un milagro al finalizar estos quince días. La visión permanece silenciosa. El cura Peyramale se mantiene en su postura. Durante los veinte días siguientes, Bernadette no acudirá a la Gruta; no siente dentro de sí la irresistible invitación.

El Jueves 25 de marzo: día de la decimosexta Aparición, Bernadita va a la Gruta y, siguiendo la iniciativa del P. Peryramale, párroco de Lourdes, pide a la “Señora” que le diga su nombre. Bernadita le hace la pregunta por tres veces, y a la cuarta, por fin la visión revela su nombre; pero el rosal silvestre sobre el cual posa los pies durante las apariciones no florece. Bernadita cuenta: Entonces la Señora apartó su vista de Bernardita, separó sus manos, hizo deslizar en su brazo el rosario que tenía en sus dedos, levantó a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, en tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirmó y, más resplandeciente que la luz del sol, dirigida la vista al cielo dijo: "YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN", y así desapareció, dejando en Bernardita esta imagen y ese nombre.
Bernardita, oía por primera vez esas palabras. Mientras se dirigía a la casa parroquial, para contarle al párroco (ya que este le había dado el encargo de preguntar a la visión como se llamaba), iba ella por todo el camino repitiendo "Inmaculada Concepción", esas palabras tan misteriosas y difíciles para una niña analfabeta.
Cuando el párroco oyó el relato de Bernardita, se quedó asombrado. ¿Cómo podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el dogma que solo unos cuatro años antes había promulgado la Iglesia? En 1854, el Papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción.
El sacerdote comprobó que Bernardita no se había engañado, era ella, la Virgen Santísima, la soberana Madre de Dios quien se le aparecía en la Gruta.
Palabras que conmueven al buen párroco, ya que Bernadette ignoraba esa expresión teológica que sirve para nombrar a la Santísima Virgen.
Fue este día 25, en la historia de las apariciones, un día de gloria. El sacerdote comprobó que Bernardita no se había engañado, era ella, la Virgen Santísima, la soberana Madre de Dios quien se le aparecía en la Gruta.

El 7 de abril: durante esta Aparición, Bernadita sostiene en la mano su vela encendida, y en cierto momento la llama lame su mano sin quemarla. Este hecho es inmediatamente constatado por el médico, el doctor Douzous.

Jueves 16 de julio: Última aparición. Bernadita siente interiormente el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirige a la Gruta; pero el acceso a ella estaba prohibido y la gruta, vallada. Se dirige, pues, al otro lado del Gave, enfrente de la Gruta. «ME PARECÍA QUE ESTABA DELANTE DE LA GRUTA, A LA MISMA DISTANCIA QUE LAS OTRAS VECES, NO VEÍA MÁS QUE A LA VIRGEN, ¡JAMÁS LA HABÍA VISTO TAN BELLA!»